viernes, 3 de diciembre de 2010

Comprar felicidad

La onda expansiva, por Raúl Rentero

Supongo que ésa debería ser la ventaja de tener un papá millonario, que mientras los demás se las apañan con sus bonobuses y sus suelas de alcance kilométrico, nosotros vamos a la universidad en un flamante deportivo. Aunque eso no garantice la matrícula de honor. Se supone, digo, que para situaciones como ésta se llamó al Rey Mago de Oriente. Y es que ya estamos comprobando que, aunque cerrado oficialmente, el mercado de invierno se ha puesto en marcha y todo el mundo sabe que el Málaga, C.F., necesitado como pocos, va a tirar de MasterCard y va a echar el resto por ponerle los tacos que le faltan a la mesa. Más que nada, para llegar con ella hasta final de año; luego, si el destino lo quiere, con más calma y tranquilidad, se alquilará una furgoneta de fin de semana y se marcharán al Ikea a amoblar el resto de la casa con muebles buenos, bonitos y ¿baratos?


Sergio Asenjo
  Pero decía que para esto se ha traído a un jeque. Porque, como era de esperar, cada paso subrepticio que dé el director deportivo malaguista, Antonio Fernández, va a ser una guerra de guerrillas. Era, como dicen, de cajón, o de perogrullo de los gordos, que puestos a elegir porteros el mejor posicionado es Sergio Asenjo, por su calidad y su incómoda situación en el Atleti (ver la onda El Diarra equivocado). El propio Sr. Fernández parece que ya ha lanzado la caña en el Manzanares y que la operación, a priori, es viable. Pero una guinda como ésta tiene su contrapartida. Porque Asenjo, como era de esperar, tiene más novios que Falete. Ahí está el Sevilla, que empieza a convertirse en el Florentino de los modestos, la Real Sociedad y algún que otro equipo inglés. La competencia es feroz y el Málaga sabe que, a día de hoy, su posición en la tabla no lo coloca entre las prioridades de los grandes jugadores.

Ahí es donde entra en juego el tan traído y llevado “proyecto a largo plazo”. En situaciones como ésta la pretendida “estabilidad” es un valor intangible pero de un precio incalculable. Por eso, y parece que las cosas se están llevando por el buen camino, el proyecto debe de estar por encima de resultados puntuales. Incluso aunque se pierda con el Racing el próximo domingo. O con el Hércules al siguiente. O con el Atlético de Madrid al otro (cita, me da en la nariz, no sólo deportiva sino de despachos). No podemos aspirar a que grandes jugadores recalen en el Málaga si la imagen externa que se tiene del club es la del “antojo de la preñá”.

Y ahí van saliendo nombres, como flores de loto, Diarrá (insisto, el malo), Julio Baptista, Granero (por el que ya ha movido ficha el “odioso” Sevilla)... y más que surgirán, por supuesto, todos con sus respectivas novias. Al menos el Málaga tiene la ventaja de tener un papá millonario. Y no es pequeña la susodicha. Si me apuran es hasta fundamental. Aunque a estas alturas de la historia ya sepamos que la felicidad no se compra con dinero. Que se lo pregunten a Florentino. El de Madrid, claro, no el de Sevilla.

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